Francisco Díaz Romero

¿Quién fue Don Francisco Díaz Romero?
Don Francisco Díaz Romero fue el Maestro Director fundador de la extinta Banda Municipal de Águilas y ejerció su labor en esta ciudad durante más de cuarenta años, en los que formó como músicos y personas a cientos de jóvenes aguileños de los cuales muchos llegaron a ser grandes directores e intérpretes. En merecido homenaje a su memoria y trabajo lleva su nombre este Patronato.

Biografía de Don Francisco Díaz Romero. Algo que deberían leer todos los músicos de Villena y Águilas.
Don Francisco Díaz Romero nació en Murcia en el año 1865; hijo de don Acisclo Díaz, fundador y director por muchos años de la Banda de la “Misericordia de Murcia” al cual por su notable interés en el despertar de la música en la capital de la provincia le fue rotulada una calle en su memoria (esquina de Cortefiel con el edificio de Hacienda en pleno centro de Murcia).
Don Francisco Díaz Romero, tras vicisitudes en su vida artística y profesional, vendría a Águilas en 1896.Tenia entonces 29 años y estaba en la plenitud de sus facultades. Había llegado al cenit de su carrera, después de haber fundado y dirigido la Banda de Música de la Ciudad de Villena.

Siendo un adolescente de 17 años ya era el ayudante oficial de su padre al frente de la Banda de la Misericordia de Murcia y acompañaba a su padre en un viaje a Villena para intervenir conjuntamente dirigiendo en una contrata. Su presencia al frente de la misma produjo en los naturales del pueblo una grandiosa impresión. Una Banda de niños dirigida con maestría por otro niño.
Los villenenses le propusieron a su padre la creación de una Banda de Música, pero rechazo la idea y tampoco deseaba que su hijo Francisco lo hiciera porque tenia grandes proyectos para el.
Pero sucedió una tragedia en Villena al explotar un depósito clandestino de pólvora, ocasionando numerosos muertos y heridos, y la noticia trascendió. Enterado don Acisclo del terrible acontecimiento en un arranque de generosidad organiza en el Teatro Romea un concierto a beneficio de los familiares de las victimas, y en la misma velada se complementa con otras actuaciones organizadas por él mismo con la colaboración de su hijo. Consiguieron recaudar mil pesetas (un dineral en aquella época, final del siglo 19) y personalmente las entrega al alcalde de Villena en nombre de la Banda de Música de la Misericordia. Fue, quizá, la única voz que se levantó, fuera de Villena, implorando la caridad para mitigar el dolor de los siniestrados.
El Ayuntamiento de la hermosa ciudad alicantina, en agradecimiento, le nombró hijo adoptivo y aprovechando la situación le insisten en contratarle para fundar una Banda Municipal, pero don Acisclo mantuvo su negativa y regresa a Murcia con su hijo.
Transcurren algunos años, cuando don Francisco era violín concertino de la Orquesta del Teatro Principal de Alicante y recibe una oferta de nuevo de Villena en la que insisten de nuevo en contratarle. Su padre, que ya no podía negarse, aconseja a su hijo que acepte solo por unos cuantos meses sabiendo que la organización desde un principio de una banda de música no era fácil.
Don Francisco Díaz arregla su situación en Murcia y en vísperas de Nochebuena, a sus 21 años, se presenta en Villena, siendo esperado en la estación por el pleno de directivos y numeroso público, y después de darle la bienvenida el rigor de la visita protocolaria al Ayuntamiento. Se le entrega la credencial con su nombramiento de director de la Banda Municipal, asignándosele un sueldo de 1.700 pesetas al año, que empezaría a cobrar a partir del día 12 de diciembre de 1886.En aquella época era alcalde de Villena don Francisco Sanchí.
La alegría de aquellas gentes fue enorme, hasta el punto de ofrecer sus propios hogares para que don Francisco no tuviera que vivir en una fonda, pero don Francisco Díaz, que era amante de la libertad, declinó este honor.
Una vez que hubo tomado posesión de su cargo se le facilito un lugar y se abren las clases, iniciándolas con una matricula de 200 alumnos, así y todo, era agasajado y admirado. Su ilusión en este menester, al que dedicó toda su vida, era alentador, y ya resuelto su porvenir sus ojos se fijaron en una mujer de Villena de la que se enamoró perdidamente.
En este ambiente favorable va desenvolviéndose felizmente, tomando gran cariño a la ciudad y alejada de su mente la idea de abandonarla, según las instrucciones que recibiera de su padre.
Cuando los alumnos ya estaban preparados, (aproximadamente al cabo de un año) el Ayuntamiento acuerda comprar los instrumentos por un montante de 10.000 pesetas (60 euros= instrumental para toda una banda). Al poco tiempo se recibe el instrumental procedente de la Casa Martín Freres, de París, y casi simultáneamente un telegrama desde Murcia, anunciándole que su padre estaba gravísimo.
Inmediatamente, don Francisco marcha a Murcia y llega el día 5 de Diciembre de 1887.Su padre estaba de cuerpo presente, y el mismo día la Diputación Provincial le nombra su sucesor al cargo de director de la Banda de la Misericordia de Murcia, sin el previo consentimiento, acuerdo elogiado por la prensa.
Enterados en Villena de esta circunstancia, con el pésame de rigor se recomienda que su aceptación al cargo de Murcia traería consecuencias políticas, como sería el fracaso en la creación de su propia banda, y para hacerle desistir aumentan el sueldo a 2.750 pesetas al año más el 10 por ciento de los beneficios por contrata.
En Murcia tenía asignado un sueldo de 1.500 pesetas y el 25 por ciento de las contratas, importantísimo, por diez años.
La proposición de Villena significaba un gran esfuerzo económico en prueba de cariño a su persona y en reconocimiento a su labor.
Don Francisco luchaba entre la disyuntiva de continuar la obra de su padre en contraposición a la prueba de afecto y cariño del Municipio de Villena, y debía responder.
Consulta con sus familiares y amigos más entrañables y todos le recomiendan que se quede en Murcia porque ya disponía de una banda con una trayectoria artística y un futuro y que no se encerrara en un pueblo aunque sintiera afecto por el. Se le hizo la propuesta que de quedarse en Murcia se le gestionaría la concesión de la Cruz de Isabel la Católica, y don Francisco vaciló y anduvo pensando hasta que al fin, son el consiguiente disgusto de familiares y amigos, no lo pensó más y, anteponiendo el influjo del corazón, vuelve a Villena, en donde se le recibe en olor de multitudes.
Continuó su labor con éxitos y felicitaciones hasta el día 5 de septiembre de 1888, en que se presenta la nueva Banda. Los acontecimientos se sucedieron de una manera metódica, pero al poco tiempo ya había impacientes que censuraban a la Banda por no celebrar mayor número de conciertos. Así ocurrieron los primeros chispazos hostiles, que su carácter enérgico rechazaba como inoportunos; y creyendo, no obstante, que todo se arreglaría, contrae matrimonio.
La Banda Municipal de Villena progresaba día a día y su repertorio se iba enriqueciendo. Consigue triunfar, en buena lid, entre las doce bandas que concurrieron en las fiestas de septiembre de Alcoy y el certamen que tuvo lugar en los días 21 y 23 de abril de 1893.En Valencia, los días 1 y 2 de agosto siguientes .El 23 de septiembre se estrena en el Teatro Chapí “La muerte de un héroe” de Aquilino Juan Ocaña con música del propio don Francisco. Y en los días 1 y 4 de enero de1894 vuelve a representarse en el mismo teatro por el éxito obtenido. Villena estaba satisfecha con la labor de don Francisco Díaz Romero.
Así llega hasta que organiza una orquesta que actuaba en el teatro y en la iglesia, en combinación con otras agrupaciones de aficionados, que también organiza él mismo, y conforme avanzaba el tiempo se veía hostigado por la actuación de una política desdichada.
Ocurrió que los políticos de aquel entonces, con rarísimas excepciones, entre republicanos y carlistas, que habían sido encarcelados o perseguidos por conspiraciones, o carlistas que se habían batido en la facción a las ordenes de don Carlos, que se disfrazaban, cómodamente, para usufructuar el poder. Unos y otros deseaban que la música fuese suya y empezaron los odios personales. Don Francisco quería estar al margen y molestaba su neutralidad. En cierta ocasión, y para que le repudiasen los republicanos, se inventa una patraña: la de que su padre había sido músico mayor de la Guardia Real de don Carlos durante las Guerras Carlistas, y se rechaza esta insinuación, pero algunos republicanos creyeron la mentira y le llegaron a tener odio. Otros republicanos que no la creyeron le regalaron una corona de laurel y oro con la expresiva dedicatoria: “Gloria al arte”, “Los republicanos de Villena al maestro don Francisco Díaz Romero”. Tales eran las leyendas que llevaban las cintas, con los colores republicanos, que le regalaron.
Este cúmulo de contrariedades no pudo aguantar don Francisco; sus enemigos iban en aumento, hasta que se le hacía la vida imposible. Entonces recordaba a su padre y sus sabios consejos, hasta que recibe una carta del alcalde don Francisco Yáñez exigiéndole su renuncia.
Tanta ingratitud no podía resistirla, y con fecha 15 de enero de 1892 acepta la presentación de su renuncia, consecuencia de lo cual el propio Ayuntamiento decide disolver la banda. Esta banda se sostuvo como pudo durante tres años más y a principios de 1896, co 30 años, salio de Villena don Francisco para vivir entre los aguileños.
Muerta ya su esposa doña Consuelo Faulí del parto sobrevenido por dar a luz a su hija Isabel, volvió a contraer matrimonio con doña Julia Jiménez Gris.
Decía don Francisco:” Cuántos perjuicios a mis hijos y a mi nos trajo Villena en pago de haberla honrado con mi trabajo y dotado de músicos, que no había, aunque fuera la cuna del inmortal maestro Chapí “.
Durante su labor en Águilas logró mayores éxitos artísticos por haber tenido tiempo para el desarrollo de su obra.
Durante su vida en la ciudad mediterránea le fue impuesta la Cruz Swástica de Oro de los Exploradores de España, así como la ración Medalla al Mérito al Trabajo concedida por Real Orden, le sería impuesta el día 13 de junio de 1930 en un emocionantísimo acto al que asistieron las Bandas de Música del Regimiento Córdoba, de guarnición en Granada, dirigida por su ilustre alumno don Juan Mula Ortega; la Banda Municipal de Villena, que se adhirió simpáticamente, y la Banda Municipal de Águilas.
Posiblemente por su carácter, don Francisco Díaz también tuvo que sortear inconvenientes en Águilas, y salió siempre airoso, porque los aguileños reconocieron al hombre y al artista.
Don Francisco Díaz Romero fue el número 1 del Cuerpo Oficial Técnico del Directorio de Bandas de Música en España, que comienza su carrera artística en 1880 con los estudios de Armonía.
Cuenta entre su repertorio musical las siguientes piezas:
“Vulcano”, pasodoble.
“Hércules”, pasodoble.
“¿Te acuerdas?, habanera coreada.
“Flor de azahar”, mazurca.
“Pensando en Viena”, vals.
“El principiante”, pasodoble.
“Consuelo”, mazurca.
“El orejón de Villena”, chotis.
“La antigua Urci”, vals.
“Isabel”, polka.
“De Valencia a Calatayud”, jota.
“Las últimas guerra”, habanera.
“Julio”. Fox.
“¡Madre mía!”, marcha fúnebre.
“Nuestra Señora de la Fuensanta”, marcha popular.
“La batalla de flores”, marcha regular.
“Himno a la bandera”, coreado de zarzuela.
“María”, preludio sinfónico.
“Carola”, preludio sinfónico.
“La Aurora de San Juan”, canto popular aguileño.
“El Rosario de la Aurora”, canto popular aguileño.
“La Aurora de la Caridad”, canto popular aguileño.

Fue autor asimismo, de un álbum de piezas fáciles para piano fechado en 1897 (recién llegado a Águilas).
También en el año 1939 fue “despiadadamente maltratado” por el alcalde actuante.
Don Francisco estuvo en Águilas 43 años de su vida, de lleno dedicada a impartir las enseñanzas de la música, y se sentía aguileño al cien por cien. Estuvo siempre presente en cualquier acontecimiento artístico que dignificara a Águilas, y de sus facetas culturales y asidua colaboración en periódicos locales es cosa comprobada. Vivía exclusivamente para la música y varias generaciones lo comprobaron, al par un genio característico de los grandes hombres, un maestro cariñoso y eficiente. Algunos de sus alumnos destacaron sobremanera; en tal caso comprendemos a don Juan Mula , a don Sebastian Zaragoza, a don Aníbal Aullón y tantos y tantos otros que abrieron sus cauces y porvenir como consecuencia de las lecciones recibidas.
Era un prodigio; tocaba toda clase de instrumentos, pero con perfección en sus preferidos: piano, violín y clarinete.
Su carácter apasionado estaba inspirado por una “querencia al nido amoroso del hogar”, dejando escrito que su cuerpo fuera enterrado en Águilas junto a sus hijos y esposa.
Solía decir que tenía unos “nervios tiranos” que le enmudecían cuando hablaba públicamente. Que un pueblo que cultiva la música es un pueblo redimido, porque el arte no tiene idealismos, solo hay moralidad, y que había que medir siempre la cultura de los pueblos por el estado de su música.

Semblanza.

Yo me voy con la música a otra parte,
gritó en Villena, un tanto enfurecido,
y a esta Águilas se vino decidido,
a hacer prodigios por su excelso arte.


Adorador de Apolo y del dios Marte,
siguió la Escuela del Tiempo y del Sonido,
dejando lo propuesto conseguido,
pues aquello que quiere puede darte.


El no se apresta a ilícito convenio,
y aun cuando afirma que conserva agravios,
ese sentir no pasa de sus labios.

Efectivamente, don Francisco Díaz Romero, que tenía un carácter fuerte, como los genios, era incapaz de hacer mal a nadie y olvidaba rencores y rencillas porque cobijaba su gran espíritu bajo los acordes de la música. Una idea tenía perenne: la disciplina como punto de mira hacia la meta que se había forjado para la enseñanza; por esta razón era incorruptible; por esta disciplina fue un gran maestro que todos los aguileños añoramos y es justicia indicarlo, ya que sus intenciones estaban orientadas, como una vocación digna de loa, a la música y a su enseñanza. Sus verdaderas intenciones, en las cuales fundamentó una larga trayectoria en Villena y en Águilas, en cuya ciudad desgranó toda su inspiración
Quizá no fuese muy simpático, pero esto es lo de menos. Fue, sin embargo, como insinúa la estrofa, de don Francisco F. Luna: “un alma sin resentimientos, que supo soportar las incidencias políticas de su tiempo con la singular dignidad de un hombre de bien”.
En su memoria fue rotulada una calle de la localidad de Águilas y fue fundado el Patronato Musical Aguileño, sueño que en sus tiempos no pudo conseguir.

El cuerpo de don Francisco Díaz Romero descansa junto a los de sus familiares, como era su deseo en el cementerio Virgen de los Dolores de Águilas.
En el museo del Patronato Musical Aguileño Francisco Díaz Romero se conservan algunas partituras, su retrato y su piano y la Medalla al Merito al Trabajo que fueron donados por su nieta.
Y en la memoria de todos los músicos aguileños se conserva su recuerdo a modo de ejemplo.


*Extraído del libro Historiografía del teatro en Águilas de don Antonio Cerdán Casado y actualizado por Ginés Ramírez González.